¿Es posible una transición energética verde?
Después de leer el libro “La Guerra de los Metales Raros” de
Guillaume Pitron, periodista francés premiado por Le Monde, tengo
serias dudas.
Como sabemos la amenaza del Cambio Climático y la
superación del pico de extracción de
combustibles fósiles, fuerzan a la sociedad hacia una economía baja
en carbono. Sin embargo, esta economía se basa en la energías
renovables y en
la digitalización de su gestión para aumentar la eficiencia
energética. Pues bien, estas nuevas tecnologías son muy
dependientes de ciertos materiales, algunos como el cobre o el alumno
en grandes cantidades, pero también de otros que se encuentran en la
naturaleza en proporciones muy pequeñas, combinados
con otros materiales y muy difíciles de reciclar.
Este hecho supone que
para avanzar a un
modelo energético verde, haya
que caer en un modelo extractivista
altamente contaminante y que exigen un gran
consumo energético.
Algunos datos:
- Es necesario purificar 50 toneladas de roca para extraer 1kg de
galio, material usado en semiconductores y foto-luminiscentes.
- Un kg de germanio (aplicaciones fotovoltaicas, fibras ópticas,
óptica infrarroja) cuesta alrededor de 1.500 €.
- La industrialización de un coche eléctrico consume entre 3 y 4
veces más que un vehículo convencional debido a las baterías. Esto
supone que un vehículo eléctrico con autonomía de 300km,
considerando globalmente su ciclo vital, tenga un consumo energético
equivalente al de un diésel. Será mayor si aumentamos su autonomía
y lo alimentamos con electricidad que provenga del carbón.
- Un correo electrónico con un archivo adjunto consume lo mismo que
una bombilla de bajo consumo durante una hora.
- La fabricación de un chip de 2g implica la emisión de 2kg de
materiales.
- Las tecnologías de la comunicación y la información suponen el
10% del consumo de electricidad mundial. Si la nube fuera un país
sería el quinto del mundo en demanda eléctrica.
- Al ritmo actual, tendíamos que extraer del subsuelo más metales
hasta 2050 que los que se han extraído en la historia de la
humanidad. Dicho de otro modo, la siguiente generación va a consumir
los mismo minerales que en los últimos 70.000 años.
Pero ahora viene lo mejor. China es el mayor exportador de metales
raros del planeta, y dado que hemos dejado en sus manos la extracción
contaminante de estos materiales, las fantasías de un Capitalismo
sostenible dependen del Imperio del Medio, que tiene reservas para
jugar a su antojo con la oferta y la demanda, establecer embargos, y
que poco a poco ha ido importando tecnología y conocimiento para
tener en sus manos la capacidad de vender producto final (paneles
solares, móviles, pero también armamento). Claro, le ha supuesto un
coste medioambiental: el 10% de sus tierras cultivables están
contaminadas por metales pesados y el 80% de sus pozos y aguas
subterráneas no son aptas para consumo. Las fabricas donde se
refinan estas tierras raras usan cantidad de productos químicos que
van a parar a los ríos y hay poblaciones enteras afectadas de
cáncer.
Darle la vuela a esta situación por la vía de reactivar la minería
nacional es difícil, aunque el libro apuesta por ello como terapia
de choque para que veamos el coste directo de nuestro ritmo de vida.
Sin embargo, se ha puesto tanta esperanza en la revolución verde y
digital, que los Estados ya hacen alianzas internacionales para la
extracción, se reparten los fondos de los océanos para su
explotación (y exterminio), e incluso se piensa en la minería
espacial (un asteroide que rozó la Tierra en 2011 se valoró en
5.000 millardos de euros).
Escrito hasta aquí parece que la conclusión en obvia, pero por si
acaso la digo: HAY QUE DECRECER SÍ O SÍ.
A partir de aquí se desvanece la corrección. Esto quiere decir: no compres móviles, no compres coches, no compres televisiones, no mandes mierda de vídeos innecesarios y un largo etc.
ResponderEliminarEstamos hablando de que no hay para todo. Tenemos que elegir entre tener escáneres y resonancias en los hospitales, acceso a algunos ordenadores para consulta de información o usar una puta Excel dentro de unos años; en vez que que hoy que te siga un dron haciendo el track que marca tu nuevo smartwatch, colgarlo el vídeo en un servidor, navegar constantemente en un vertedero de fake news, o cargar tu Tesla con un montón de placas solares de tu chalet plagado de domótica, para recorer un trayecto que podrías hacer en bicicleta.
Elegir entre poder tener algunas cámaras de vídeo con las que hacer cine e ir al cine, o disponer ahora de toda la ingente oferta de Amazon gracias al bigdata que somete tu libertad para elegir lo que te gusta.