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INTRO


 Compré hace unos meses en La Pantera Rosa un libro que ha sido toda una revelación, a pesar de las pocas esperanzas que me dio la librera. Frente a los libros que solo diagnostican, este también plantea líneas de actuación. Se trata de “La Vía de la Simplicidad (Hacia un mundo sostenible y justo)”. Su lectura me ha hecho darme cuenta de que la vía institucional nunca podrá acometer los cambios en profundidad que necesitamos, y que para que la vía profesional tenga impacto (positivo), es necesario una visión más global del problema y una mayor coherencia en las vidas de los implicados en un proyecto empresarial. Sin coherencia, el trabajo por unos objetivos éticos y transformadores, puede caerse por métodos injustificados y llegar a ser contraproducente.
En mi desarrollo profesional escogí la ingeniería animado por el alcance del impacto que mi labor podría causar. Como ingeniero industrial conozco cómo se produce y se fabrica, y a pesar de que nunca estuve de acuerdo con la lógica que impulsa esa producción, creía que al margen de la lógica se podían hacer mejor las cosas. Dada la problemática ambiental, la producción de energía parecía la línea de actuación más sensata.
Tras un máster en Energías Renovables y el periodo de prácticas precarias, entré en una empresa del sector eólico. Tampoco estuve alineado ni con los objetivos ni con las formas, pero realicé mi labor lo mejor que pude sabiendo que era un trampolín para algo éticamente más coherente con mis ideas y mi forma de vida. Durante mucho tiempo esas ideas iban de la mano del autoconsumo eléctrico, que no es otra cosa que una forma más democrática de acceso a la energía. Y es lo que mi actual empresa vende: energía libre y renovable. Pero la realidad es otra, en la práctica quien es más libre para producir su propia energía es quien más terreno, tiempo y recursos tiente. Dicho de otro modo, quien más dinero tiene: granjas de cerdos, chalets, terratenientes, etc. Además, se suele producir más energía en vistas de un mayor consumo, y de nada sirve el ahorro en la factura si luego se gasta el equivalente en caprichos o viajes (Paradoja de Jevons). Al mismo tiempo, se extiende la falsa creencia de que la tecnología va a resolver los problemas del futuro, por lo que empiezo a dudar del efecto positivo de hacer instalaciones, sin acompañamiento de una labor de concienciación sobre consumo.
Así pues, el libro pone en cuestión mi trabajo y me ha abierto los ojos a otra forma de afrontar los cambios que debemos realizar para alcanzar ese mundo sostenible, justo y que además sea mucho más atractivo y digno de vivir que el que conocemos.
Las tesis fundamentales son:
-  La sociedad actual es insostenible, basada en una economía injusta y no tiene arreglo.
- El colapso es seguro, pero se puede reducir su impacto y aprovecharlo para convertirlo en algo liberador de lo que se pueda disfrutar.
- Hay que acometer un cambio radical que pasa por reducir el consumo en un 90%. Cada vez que te hablen de crecimiento piensa que es más deuda futura.
- La solución se encuentra en economías locales más auto-suficientes y gestionadas de manera comunitaria.
-  El trabajo remunerado quedaría reducido a una o dos jornadas semanales, en pequeños comercios o granjas familiares. La distinción entre ocio y trabajo se desvanece ya que gran parte del ocio es productivo.

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Comentarios

  1. Ideas muy pesimistas en algunos casos ("no tiene arreglo") y utópicas en otros (reducción del 90% del consumo!!).
    Y por último, ¿el fin justifica los medios? Es algo que yo me planteo muchas veces...

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  2. El "no tiene arreglo" no es sinónimo de "vamos a morir todos", lo que quiere decir es que no vamos a revertir las crisis que van a venir poniendo parches al sistema (reciclando más, comprando en tiendas de comercio justo, o pagando tu cuota de una ONG, etc.) ni apostando por la tecnología, que es echar más leña al fuego.
    Por otro lado reducir un 90% es un objetivo ambicioso de quien quiere apostar por esta vía para hacer visible y atractiva otra forma de vida. Un 50% ya sería un logro.

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  3. No me parecen ideas tan pesimistas, sino más bien, ideales. Aceptar el decrecimiento va a convertirse pronto en cuestión de supervivencia. Y me encanta la idea de coordinar el ocio de manera que sea productivo, pero habría que darle un valor mucho más subjetivo a la ganancia por cada actividad productiva.
    Puedo basarme en "yo hago lo que sé hacer, y lo hago bien, para cuidar a los demás, porque confío plenamente en que luego se me cuidará a mí. Pero esto es abnegación, y y creo que el ser humano necesita ser estrepitosamente destruido para ganar un poco de esta conciencia.
    Dentro de las opciones que parece que se vienen, del aislamiento pasaremos a la economía sumergida local, a la austeridad como forma de vida, y si nos va bien pasaremos a una forma económica más fuerte, mientras que si no, quizás pasemos a una fase de empobrecimiento, carestía y falta general de recursos. Ahí serán decisivas las iniciativas que minimicen el gasto y maximicen el efecto, como comedores, escuelas o talleres comunitarios. Y el pueblo tomará la iniciativa de forma natural como intento indiscutible de frenar su propia extinción. Toda planificación de este posible futuro mejorará los resultados a la larga, entiendo

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  4. Abnegación implica sacrificio sin contrapartida. Pero Javier, lo has expresado perfectamente , la clave está en la confianza y la conciencia de comunidad, saber que no te vana dejar caer. Planificar, adelantarse y hacer visibles ejemplis es la forma de evitar en lo posible esa destrucción y falta de recursos que mencionas. Gracias por tu comentario!

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